2.3.13

tiempo de crisis es tiempo de oportunidades



Tiempo de crisis es tiempo de oportunidades. Esta afirmación viene siendo repetida desde infinidad de sectores ante el ralentizado panorama económico en el que nos encontramos. En lo relativo al urbanismo, es tiempo de oportunidad para replantearnos qué modelo territorial hemos venido desarrollando, y sobre todo, qué modelo territorial debemos proyectar cara al futuro.

En los estertores de la bonanza económica, gran cantidad de esqueletos edificados han quedado diseminados por el territorio, ya no sólo el territorio gallego o español, sino por todo el paisaje europeo.


Conocido es el caso de Irlanda, donde el denominado Nama, que viene siendo el equivalente Irlandés del banco malo español, ha iniciado meses atrás la demolición de esas fantasmagóricas estructuras a medio hacer que nos recuerdan los desmanes cometidos en el pasado.

Estos derribos encierran el simbolismo del final de una época, dónde las expectativas primaron a la realidad y donde la ambición derrocó a la humildad.

El territorio es un bien finito, mutable, vivo y según el antedicho modelo irlandés, es un bien recuperable. Crecer y expandirsde por el territorio no debe ser sinómino de depredación o pillaje del paisaje. 



Un crecimiento racional de los asentamientos humanos debe siempre ser compatible con la previa recuperación de nuestro patrimonio construído, es decir, la obra nueva debe ser producto de la regeneración y racional expansión y no, como venía siendo habitual, fruto de la especulación y el capricho.

El horizonte constructivo que nos queda por conquistar será sin duda, el de racionalizar los recursos por explotar y optimizar los que ya hemos agotado.

29.1.13

rehabilitar+restaurar+conservar

Basta abrir los ojos a la realidad para confirmar que el futuro inmediato (y quien sabe si definitivo) del quehacer arquitectónico, se encuentra en la rehabilitación. Rehabilitación, restauración y conservación. Tres conceptos que siendo similares encierran un universo de oportunidad cada uno de ellos. 

Una rehabilitación, en el estricto sentido de la palabra, es eso, una re-habilitación, es decir, una vuelta a habilitar lo que deshabilitado estaba.
Entiendo por ello la recuperación del uso primitivo, quizás sin mayores dilemas compostivos que los de devolver al edificio sus caracteres primigenios, sin gran aparataje constructivo, sin operaciones de recuperación de envergadura. 
Restauración y conservación probablemente sean conceptos que encierren disyuntivas de mayor calado. Hablar de restauración parece que lleve aparejado un sesudo estudio previo y una meticulosa puesta en escena de las obras a acometer en edificios de valor histórico. El restaurador, como proyectista y director de la intervención, se debe posicionar y optar por el mero saneamiento y mantenimiento de lo que hay o bien transgredir el corsé conceptual aportando elementos nuevos con el objeto de reparar la obra que está siendo restaurada.


Por otra parte, la conservación da a entender un puro "mantenimiento de lo que hay", quizás con tintes romanticistas de conservación de la obra, del mantenimiento de su esencia, del profundo respeto a su naturaleza.

No se pueden abarcar los temas de la restauración y de la conservación sin hacer mención a Violet Le Duc y John Ruskin, dos grandes figuras decimonónicas que abordaron estas cuestiones desde puntos de vista antagónicos. 

Sin ahondar en sus biografías, la postura de Le Duc frente a la intervención en edificios históricos, es la de ponerse en la piel del proyectista original, es decir, intervenir sobre la obra como lo hubiese hecho su creador, nunca perdiendo de vista los ritmos y reglas compositivas de la época en la que se gestó, en definitiva, tratar de devolver al edificio su forma original.


Ruskin en oposición a Le Duc, defiende la conservación de la forma y alma de la obra original, sin otra intervención que la mínima para su necesario mantenimiento. Opositor casi radical de los perniciosos efectos sociales y estéticos de la Revolución Industrial, confía más en la propia esencia de la obra que en la mano intencionada del restaurador contemporáneo.


En definitiva, el técnico rehabilitador, o restaurador o conservador, debe posicionarse ante la obra que tiene delante, y quien sabe si lo conveniente sería hacer como decía Alejandro de la Sota <<el arte está en dejar constancia de todo a lo que se ha renunciado>>.

15.11.12

la muerte de la caja

 Frank Lloyd Wright_Coonley house Riverside

Corría el año 1930 cuando el ilustre arquitecto americano Frank Lloyd Wright, promulagaba <<la muerte de la cornisa>> en la tercera de sus conferencias en la Universidad de Princeton. En esta ponencia, atacaba con saña la arquitectura clásica en oposición de sus postulados de <<arquitectura orgánica>>, esa arquitectura que él mismo definía como <<arquitectura de dentro afuera>>.

Nada se puede objetar sobre las aportaciones de Wright a la arquitectura moderna, o las de sus coetanéos Mies Van der Rohe y Le Corbusier, auténticos visionarios y precursores de la arquitectura tal y como hoy la conocemos.

Quizás (y esto es una reflexión nada pretenciosa) haya llegado el momento de plantearnos <<la muerte de la caja>>. Ochenta y dos años después del "fallecimiento de la cornisa", nos hemos ido regocijando, con más o menos entusiasmo y acierto, en el aparataje de la caja...y no hemos sabido salir de ahí.

 vivienda tipo caja contemporánea 

Hemos olvidado el sentido de la cubrición, de lo vernáculo, del cobijo, del recuerdo de la cabaña que durante miles años nos guareció de inclemencias y depredadores. Ochenta y dos años después de <<la muerte de la cornisa>> que Wright anunció, probablemente haya llegado el momento de replantearnos el resurgimiento de la cubierta...

palloza en Lugo_Galicia


1.11.12

un cementerio sin difuntos...

campo santo en Finisterre


Mucho se ha hablado y escrito del singular camposanto de Finisterre, que hasta la fecha de redacción de este post, sigue sin uso. Independientemente del por qué, un cementerio sin difuntos, no es un cementerio. Será una escultura, una alegoría, un monumento...será lo que sea, pero no un cementerio. Del mismo modo que una escuela sin niños no es una escuela; un cementerio sin difuntos, no es un cementerio. 

No seré yo quien cuestione la calidad de la intervención o su poesía con el entorno buscando la recuperación de la tradición y el rito de enterramiento ancestral o mil y una poesías que han llevado a formalizar estos volúmenes. Pero como obra arquitectónica (y perdónenme los mil y un críticos y premios al respecto) sinceramente, a la vista está, no funciona. 

Entiendo la arquitectura como la materialización física de un uso concreto, sea ésta en forma de espacio público o de edificio construido y hasta diría yo en forma de mobiliario, pero siempre con el fin de ser utilizado.

De hecho, ¿qué es sino la función lo que distingue una escultura de una obra arquitectónica?... 
 
Casi 10 diez años después, añado este enlace...para seguir invitando a la reflexión:
 

18.10.12

malos tiempos para el urbanismo

Golpes bajos_malos tiempos para la lírica

Artículo de quien suscribe publicado en enero de 2009 en la extinta revista digital planeamientoyurbanismo.com

Malos tiempos para el urbanismo_corren malos tiempos para todos los que de alguna manera estamos cerca del urbanismo. Y no me refiero al tema económico, sino al otro. Los excesos cometidos y, no nos engañemos, consentidos por todos los colores y estamentos, nos han llevado a la situación en la que nos encontramos. Hemos pasado, como sólo nosotros sabemos hacerlo, de la desprotección urbanística al hiperproteccionismo del territorio, de la desidia hacia nuestro paisaje a la persecución a cualquier intervención constructiva. Y nos parece de lo más normal.

Pues qué quieren que les diga, ni antes éramos tan vándalos ni ahora vamos a ser el modelo del nuevo urbanismo.

A todos nos es habitual escuchar o leer sobre pelotazos urbanísticos, recalificaciones o licencias ilegales, y poco se habla del complejo engranaje que mueve la pesada maquinaria del urbanismo.

Brevemente, me gustaría mostrar algunas de las piezas genéricas de ese engranaje.

Primeramente, y aunque parezca increíble, es preciso señalar que existe un marco legal que abarca todo el quehacer constructivo en Galicia, y es la vulgarmente llamada Ley del suelo de Galicia, o “Lei de ordenación urbanística e protección do medio rural de Galicia” con las posteriores modificaciones que se han ido sucediendo. Esta ley contempla los tristemente famosos Planes Generales de Ordenación como únicas figuras para la ordenación completa de un término Municipal.

Serán los Planes Generales los que definan los modelos de desarrollo en función de la complejidad y la particularidad de cada Municipio, y estos modelos de crecimiento se materializan en la clasificación del suelo (urbano, urbanizable, rústico o de núcleo rural y su desarrollo en ordenanzas), la ordenación de estas clasificaciones (polígonos, sectores, ámbitos…) y también los Planes Generales contemplarán las herramientas de gestión necesarias para llevar a cabo el citado planeamiento.

En la mayoría de los casos, los Planes Generales se promueven por iniciativa de los Ayuntamientos, se redactan según las particularidades del territorio y en base a los criterios y parámetros que dicta la Ley del suelo y una vez concretados en documento, se procede a su tramitación a los diferentes organismos con el fin de obtener, en el mejor de los supuestos, la aprobación autonómica.

Dicho esto, parece obvio suponer que el Municipio que tiene un Plan General aprobado tiene un tesoro, pues supuestamente tiene ordenado en base a Ley su territorio y en consecuencia puede desarrollarse, legalmente, pero no.Los problemas aparecen durante las fases de tramitación de los Planes, ya sean Generales o de Desarrollo, entonces un procedimiento ordinario de tramitación se convierte en una amenaza y los Planes en armas arrojadizas entre Administraciones.

Teóricamente estamos en un estado de derecho, con su seguridad jurídica y todo, pero en la práctica lo que tenemos es una guerra de guerrillas donde las trincheras son los artículos de las leyes, las armas son los contenciosos judiciales y los capitanes se disfrazan de interés general, que según como sople el viento tiran a dar o matar. No es difícil oír hablar a ciertos estamentos de Planes bien o mal aprobados (caramba, uno pensaba que se aprobaban porque eran correctos) o de Planes que gustan y se respetan y otros que no y se incumplen. De película, pero cierto.

Por no hablar del sinfín de normativas que se van superponiendo unas con otras y que lejos de regular y ordenar el territorio, tejen una red complejísima que confunde, más si cabe, el horizonte de nuestro paisaje constructivo.

Y luego nos piden que hagamos País, cuando ni siquiera son capaces de conocer y aceptar las reglas del juego… dime de qué presumes y te diré de qué careces, pero es lo que hay.